29 mayo 2012

SUSO

CONTOS, LEENDAS E HISTORIAS DA COMARCA DE ANCARES


Pan de Centeno
Suso nació heredando la mala fortuna de su madre a quien la vida la trató con suma dureza hasta el extremo de no permitirle vivir tras el parto. Luchó denodadamente por superar la infección contraída pero perdió la vida dejando a Suso sin madre y sin padre conocido. El pobre Suso fue criado por su tío Ramón y su mujer, Elisa la hermana menor de su madre, claro que en aquella casa, siempre fue más “criado” que sobrino y desde bien pequeño lo emplearon en todas las tareas, fuera o no fuera capaz realizarlas; no es que el trato que sus tíos le daban fuera muy diferentes del que daban a sus hijos, pero diferencias, incluso en la alimentación, a él lo enviaban bien temprano con el ganado al monte para no darle el mismo desayuno que a sus sus primas y primos.
Mala niñez, mala infancia y mala mala juventud y adolescencia. Esclavo de su propia familia huérfano sin oficio ni beneficio; la llamada a filas fue una oportunidad de liberación, una oportunidad que a punto estuvo de truncarse al no dar la talla mínima para ser soldado del Glorioso ejercito español. Por primer vez la fortuna estuvo de su lado, aprovechó las instrucciones de “estírate” para colocarse de puntillas y engañar al tallador en unos pocos centímetros de estatura. Así fue como Suso abandonó por primera vez la aldea donde vino al mundo.

Pequeño y fortachón, Suso tiene un corazón muy grande, tan grande como su cabeza y acostumbrado a obedecer sin preguntar, la prestación del servicio militar se convirtió para él en una época de felicidad; igual le daban las cocinas, las guardias, las imaginaria o la cochiqueras, Suso disfrutaba con todos cuantos servicios le asignaban. Nunca había pensado que se pudiera desayunar, almorzar y cenar todos los días del año y quien iba a imaginar que fuera capaz de aprender a leer y escribir. Fácil no debió de resultarle pero lo consiguió. Intentó reengancharse y quedarse en el cuartel; aquella era su casa y su familia, el lugar donde encontró la felicidad, no pudo ser, aunque recurrió a todos los oficiales y jefes no fue aceptado, tal vez fuera por su corta estatura, y llegó el momento de licenciarse y retornar a la aldea.
Parecerá mentira, regresó con ahorros, más de 5.000 pesetas, en aquellos tiempos era undinerilloganadas con muchas guardias, servicios e imaginarias prestados a sus compañeros más las 135 pesetas mensuales del del salario militar y de las. El cuartel de artillería de Astorga licenciaba a un pequeño gran hombre.

En las villas o en las ciudades lucenses con el paso del tiempo se pueden producir cambios pero en las aldeas de la montaña rara vez se dan, en la aldea de Sixirei, si los hubo, Suso no se quedo para verlos. Muy de madrugada, tan temprano como cuando lo enviaban con el ganado al monte, salio de la casa y descendió al valle hasta la capital del concello para partir rumbo a Madrid...

La capital del reino recibió a Suso en el Parque del Buen Retiro; cuatro noches durmiendo al aire contando estrellas le enseñaron que el futuro no iba a ser muy prometedor...

Descargando cajas de fruta en el mercado de la Cebada y de pescado en la puerta de Toledo, sin darse cuenta se encontró al mismo tiempo de mozo en un una verdulería y si los días dieran para más más, muchas horas trabajaría; allí donde nadie conseguía ahorrar una peseta, Suso ahorraba duros. Al fin la suerte le sonreía, el pequeño gran hombre aprendía a vivir en la gran ciudad a querer y a ser querido

El amor apareció en el lugar de trabajo recién llegado de Brasil, venía dentro de una joven brasileña contratada por la la Gran Cafetería Universal, donde él trabaja. Joana apenas conocía el castellano y Suso le sirvió, además de interpreté, de apoyo y protección. No tardaron en vivir juntos y en casarse, tampoco se apresuraron en tener hijos pero vinieron. Primero Jesús y luego Joana, y Suso irradiaba felicidad.
Solo de felicidad no vive el hombre; con la experiencia adquirida en la hostelería, Suso probo a independizarse y en regentar su propio negocio y... nació “Cremalleira” un exótico lugar del buen yantar y el buen beber con una cocinera brasileña y un amable gallego atendiendo a lo clientela, entre “queimadas y queipiriñas, pulpo a feira y otros, la suerte es aliada de Suso, el dinero entra raudales; recupera la inversión, engordan los ahorros y el pequeño gran hombres sigue sin beber sin fumar y sin gastar más que lo imprescindible.

Un buen día, Cremalleira no abrió sus puertas a los clientes, cesó en su actividad de la noche a la mañana sin que se conozcan las causas.
La mala fortuna reapareció en la vida de Suso, él creía haberla dejado en la aldea, quizás fuera por eso que nunca allí volvió, también pudiera ser que el infortunio tardara en localizarlo en la gran ciudad pero...

Aquél día Suso regresó de la “Cremalleira” a la hora habitual, fue directamente a la habitación de Jesús y a la de Joana, ambas camas están vacías; no le extraña aunque tendrá que dormir en el sofá, algunas veces sus hijos acostumbran a irse a dormir con su madre en la habitación principal. Y allí se dirige, abre la puerta despacio y los tres cuerpos permanecen inmóviles, cierra sigilosamente para no despertarlos.
A la mañana, Joana no acude a despertarlo como acostumbra y le asalta un presentimiento. Acude con precipitación al dormitorio, iza el cobertor y aparecen ante él tres almohadas que simulan tres cuerpos... ¡No hay nadie! ¡Nadie a quien llamar o acudir! ¡Una simple nota en la mesilla de noche “No nos busques ya estamos volando a Brasil” ¡Le han abandonado!
¡No es posible! Abatido y sin saber que hacer se derrumbó en el sillón incapaz de reaccionar, era demasiado tarde para hacerse a la idea; no entendía nada pero comprendió que le habían dejado, y no le quedaron dudas al ver sus cuentas vacías...

Suso, el pequeño gran hombre con un corazón, casí tan grande como su cabeza, no supo entender, no fue capaz de sobreponerse y quien nunca vicio tuvo se entregó a la bebida para olvidar que su amor desapareció llevándose con ella los frutos, dos hijos a los que nunca volvería a ver.

Es difícil de entender y más comprender la forma de actuar de Joana; abandonar o huir de su marido, dejarlo sin hijos y sin ahorros sin haber muestras de maltrato o vejaciones, sin conocer amigos o amantes no es nada fácil de concebir. Suso no supo encarar el futuro, no supo verse sin los suyos, ni encontrarlos, ni buscar o encontrar ayuda; tampoco supo quien fue su padre y sin embargo su tío Ramón si que lo sabía, no iba a saberlo él que gozo de la juventud de su madre para casarse luego con su hermana más joven..
La “Cremalleira” permanece cerrada a cal y canto; Suso, según algunos vecinos ronda por allí, puede que esperando el regreso de sus hijos; puede que nunca regresé a su aldea pero sea lo que sea Suso nunca volverá a ser feliz.

Esta es una historia real; los nombres y las descripciones, solo sirven para dar vida a los protagonistas. Cualquier parecido con personas actuales es mera concidencia

*Reservados todos los derechos

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