22 noviembre 2008

...HASTA OUTRA, ALFREDO...

Este relato, basado en hechos reales, narra una cruda historia en la que Alfredo y Graciela son nombres ficticios y los lugares y parajes descritos son imaginarios.

XARDONMANROFER

Que todos los hombres nacemos iguales, desnudos y que la muerte nos iguala a todos, no deja de ser una paradoja, la vida se encarga de demostrarnos que no es cierto. Todos conocemos que, "los hay que nacen con estrella y otros estrellados" que unos nacen envueltos en sabanas de Holanda y otros en jergones de "fentos" y claro ya desde el principio se producen desigualdades.
Alfredo nació en la década de los cincuenta del siglo pasado, en el seno de una familia patriarcal, sumida en una pobreza cada vez más angustiosa; vino a este mundo en una aldea perdida en los tiempos del pasado... Llegó, como todos, gritando, aunque es posible que sus gritos no fueran percibidos de la misma manera por todos los miembros de su familia, en cierto modo podría decirse que ni se enteraron. Eligió mal momento para nacer, mal momento, mal lugar y pudo ser peor, con todo fue creciendo, abriéndose paso en la vida con uñas y dientes...
Un inconveniente más que un estorbo, a fin de cuentas, una boca más que alimentar. Alimentar, lo que se dice alimentar...un estomago que debería adaptarse a la escasez de alimento...a pasar hambre no se aprende pero a engañar al estomago si...y Alfredo, inteligente y hábil, desde pequeño, supo como engañarse; imito a todo cuanto a su alrededor. Recolectó bayas y frutas silvestres, pesco truchas creo trampas para animales y aves sin dudar en compartirlas las captura por insuficientes que fueran... así engaño su hambre...

Con Alfredo llegó a la aldea una voz cantarina, una garganta prodigiosa... y de aquella famélica figura que le acompaño en todas las etapas de su vida, brotaban coplas llenas de ilusión, canciones contagiosas, coreadas por las gentes que le aclamaban y agasajaban.

Era evidente que había sido agraciado por las musas de la canción; cantaba de tal forma, que allí donde él iba, en romerías, verbenas, fiestas de patronas y patrones siempre le pedían cantar y cantaba... tras las coplas, venían las copas y en ellas, las borracheras. Se sucedían las fiestas, sobre todo en el verano y así el hambre y la miseria... eran más llevaderas.

La cruda realidad regresa con fuerza en las inclemencias del invierno...cuando la vida se aletarga y los seres buscan refugio, no hay quien pague por trabajo, no hay dinero ni copas...y milagro, con la primavera la vida se recupera y Alfredo reverdece y al igual que el ruiseñor no cesa de cantar día y noche, esparciendo su alegría por sierras y montes por valles y veigas...

En la creencia de ser querido paseo su adolescencia, haciéndose ver, prodigando su extraordinaria voz, maravillando a las gentes, asombrando con sus canciones populares a la concurrencia y a los amigos y compañeros, mostrando la grandeza de su corazón...Lo que ni el mismo sabía es que sus canciones eran la forma de mostrar su rebeldía ante la pobreza y la miseria...

La pobreza la conocía por haber nacido en ella...la miseria se presento ante sus ojos el día que el veterinario ordeno enterrar la vaca muerta en cal; hay que evitar el contagio, dijo. La voz de su padre sonó como una bofetada: Comame o demo non me morren os fillos, morreme con que darlles de comer ¿Onde teño eu os cartos pra cal? leve con vosted ao rapaz e irei pola cal...ou dareillos a vaca os lobos... Desde ese instante se juro acabar con su pobreza...

Salir de la pobreza en un entorno sin industria, sin comercio, donde todo se basa en sacar una producción capaz de sostener a la familia. Conseguir que las tierras produzcan excedentes para vender dentro de un sistema agrícola y ganadero de supervivencia... es tarea casi imposible, como imposible le parece acabar con el caciquismo. Cuanto más extensas son las familias, más boca que alimentar, menos...mucho menos pensar en obtener excedentes... en definitiva, no existen muchas posibilidades fuera de trabajar para algún rico, se encuentra en un callejón sin salida. Tan primitiva forma de producir sin ningún grado de desarrollo obliga a salir en busca del progreso...Ardua tarea le espera por delante...

Primeramente, Alfredo, fue al encuentro del trabajo, allá por los montes, cavando día tras día, hoyos para la plantación de pinos en un programa de reforestación. Un hoyo a cincuenta céntimos; cuantos más hoyos, lógicamente, más céntimos... y sus canciones sonaron por encima del cansancio en los caminos y veredas, en sus idas y venidas a la aldea... Al fin entraba algo de dinero en casa; poco tiempo para descansar y poco dura el empleo ...acabada la reforestación volvieron los tiempos del hambre.

Posteriormente y por fortuna, llegó la llamada a filas constituyo una liberación y una fuente de ingresos inesperada a través de guardias e imaginarias.

Aedea, la musa de la canción no le abandono y el canto fluía alegre y contagioso para granjearle la amistad entre los compañeros... y en el cuartel de artillería de Astorga comenzó a soñar... Soñó Madrid y el sueño ...


Abandono Astorga vestido de militar ya licenciado partió rumbo a su sueño, viajo en la compañía de Paco, el Pluma, su mejor amigo. Todo cuanto poseía iba con él en su morral; atrás dejaba el hambre, por delante un sueño que la mitigaba...

Madrid soñado y deseado se ofreció en una esperanza de futuro mejor; para quien no cuenta con preparación, la carga y descarga de cajas en el mercado de frutas y verduras de Legazpi es una oportunidad y la aprovecho, así la voz de Alfredo resuena entre los aplausos de transportista y tenderos.

Vinieron los momentos apacibles, nuevos deseos, el ejercicio físico y el adiestramiento pugilista en compañía de Paco, el Pluma. Momentos que transforma su cuerpo, ha dejado de ser enclenque y esmirriado, es un un recio peso pluma. El duro entrenamiento, su valentía y su afán de triunfo abren puertas para los combates de boxeo amateur y profesional; Madrid ya no es un sueño; Madrid es una realidad que le atrapa, una ciudad que le quiere y a la que quiere...

En el transcurrir del tiempo, en un espejismo, asomo el amor adulador, lisonjero y halagador; llegó en la cresta de la ola y desapareció mientras rodaba por el ring, cada vez con más frecuencia.

Fue entonces, cuando herido de amor y con la cara rota, aquel "hombre de gran corazón" se encontró solo, rodeado de mucha gente pero abrazado a la soledad y con ella a cuestas, entre la admiración, el agasajo y las invitaciones... volvieron las copas...

Retornó con fuerza el alcohol sin tino con desmesura, y la prodigiosa voz fue menguando... y quien lo iba a pensar: perdió el apetito...el hambre al fin lo abandono...

Alfredo, se abandono a la bebida preso de la soledad; con todo no estaba vencido.

El recuerdo inútil de los tiempos pasados le llevan de borrachera en borrachera sin tiempo para recuperarse de sus devastadores efectos...Y en estas circunstancias apareció el cariño de una mujer para luchar por el. Broto un ángel entre sus vapores etílicos, una increíble mujer de color marfil y piel aterciopelada, llena vitalidad y de tesón...fue tirando de Alfredo hasta sacarlo de la embriaguez; no fue nada fácil...

Graciela y Alfredo eran, sin lugar para la duda, almas gemelas, ambos sometidos al hambre desde niños, se vieron forzados a la emigración en busca de un futuro mejor, de un lugar donde sobrevivir y superar el hambre y la miseria, ambos se distinguían por su grandeza de corazón... puede que en otro caso no fuera razón suficiente...
...Aquél día para no olvidar...tras la barra de la cafetería, mientras Alfredo se debatía entre arcadas sonó la voz pausada de Graciela: Deberías comer algo, dejar de beber...

Sin saber como ni porque, salieron juntos del local... Aquel día y muchos más, sin reproche, con mucho cariño y tenacidad inimitable. Graciela, sus dos hijas, el calor de un hogar, los juegos y risas y el cariño de unas niñas que necesitaban un padre, obraron el milagro, rescataron a Alfredo...

Alfredo se volvió abstemio...

Cabalgando sobre sus cuarenta años Alfredo inicio un duro combate contra su adicción al alcohol, en un peliagudo campo de batalla; encontró empleo en la cafetería donde trabaja Graciela.
Terribles jornadas de lucha, temidas y vencidas día a día bajo la mirada aprobatoria de Graciela y la complacencia del dueño. Inimaginable la pelea, un suplicio que solo se puede superar con firmeza y perseverancia... Alfredo se había jurado...

Aún con la voz ronca Alfredo difunde sus coplas para deleite de unos pocos amigos, sones en galego embelesador, suena el encanto de Andalucía y el ritmo popular castellano. Suena a regalo de quien tuvo el don de una voz prodigiosa. Suena a sosiego...

En pleno sosiego, a Alfredo le llegan los recuerdos de la infancia y adolescencia; las imágenes de la verde tierra, de las veigas de la aldea, acuden a el con insistencia...y entonces se presentó, sin aviso, un pólipo; maldito y cancerígeno pólipo...en las cuerdas bucales...

Los días y claros del mes de Agosto presenciaron el retorno de Alfredo a la aldea; suaves vientos mecían las hojas de los castiñeiros y carballos para darle la bienvenida y saludar a su compañera. A su lado Graciela con caricias apartaba las lágrimas que resbalan el rostro ajado de Alfredo al tiempo que atendía las miradas de asombro de sus hijas...

Días de romerías, sitios que aún recuerdan la voz del ruiseñor, lugares y lugareños que guardan silencio entristecidos por la falta de su voz. Silencio roto cuando Alfredo intenta en vano forzar su garganta para que sus paisanos oírle presentar, henchido de orgullo a aquellas niñas de tostado color ¡estas son mis hijas!

Estas son mis hijas, repetía mientras se despedía de la vecindad jurando luchar con todas sus fuerzas contra tan duro enemigo...y Alfredo cumplía sus juramentos...¡Hasta outra! decía a los incrédulos...

¡Hasta outra Alfredo!

XARDONMANROFER
Noviembre de 2008









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